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Durante el último año, Altiplà ha estado llevando a cabo un trabajo especializado bastante singular, que ha consistido en estudiar el Línea Terme entre Montmeló y Montornès del Vallès. Esta línea fronteriza ha sido motivo de disputas entre estos dos municipios desde el siglo XIV, fecha de la última demarcación fronteriza acordada por ambos.
En el marco de los actuales trabajos de delimitación de los límites municipales en Cataluña, se ha reabierto el conflicto latente. Montmeló ha presentado un recurso contencioso-administrativo contra la resolución de la Generalitat, que ha dado la razón en gran medida a Montornès, y aquí es donde entra en juego Altiplà, encargada por el Ayuntamiento de Montmeló de realizar el estudio pericial de la línea divisoria.
Para elaborar el informe, hemos tenido que trabajar con documentación muy antigua, especialmente de los siglos XVI al XIX, que nos han facilitado los historiadores locales de Montmeló, pertenecientes a la Centro de Estudios de Montmeló (CEM). La disputa en ese momento se refería a la recaudación de diezmos de esas tierras, que eran objeto de controversia. Monasterio de Sant Pere de les Puel·les, en el lado de Montmeló, y el Cartuja de Montalegre, en el lado de Montornès.
Historia del litigio
Parece ser que el origen de la disputa se encuentra en la demarcación de límites realizada en el siglo XIV, acordada por ambos municipios. Se llevó a cabo una demarcación a lo largo del eje del Besòs y el Congost, pero las grandes inundaciones del siglo XV arrastraron los mojones y alteraron significativamente el curso de los ríos. Ahí es donde comenzaron las disputas...
La documentación objeto de estudio ha consistido principalmente en sentencias dictadas a lo largo de los siglos, como la del Bailío General de Cataluña de 1600 o la del Capitán General de Cataluña de 1820. Diversas demarcaciones o “atracciones turísticas”, como se denominaban en aquella época, y que consistían en trabajos realizados por topógrafos o expertos, que reconocían los puntos de referencia sobre el terreno y determinaban si eran precisos.
Cabe señalar la “visura” realizada en 1665 por el canciller Fabrici Pons, en el Audiencia real, publicado por el CEM, que describe con gran precisión cada uno de los mojones municipales.

También cabe destacar el plano, o “borrador sin escala”, realizado en 1747 por Matheu Puig i Ferin, un reconocido geómetra real, perteneciente a la Impuesto Real sobre la Tierra. Este documento es oficial, ya que fue elaborado con fines catastrales. Matheu Puig y su hijo, que llevaba el mismo nombre, fueron topógrafos muy prolíficos de la época y realizaron trabajos topográficos en muchas partes de Cataluña.

En 1819 estalló una nueva disputa entre las dos ciudades, esta vez en Regencia de Mataró, en la persona del corregidor barón de la Barre. Los expertos dieron a Montmeló el beneficio de la duda y el barón ordenó la excavación de una zanja a lo largo de la línea fronteriza, lo que indignó a los terratenientes. Las reclamaciones del conde de Darnius, un importante terrateniente de Montornès, provocaron la intervención del capitán general de Cataluña, que revocó la decisión del barón de la Barre y falló a favor de Montornès. La decisión del capitán general fue muy controvertida, ya que ignoró a los topógrafos y geómetras y no basó su fallo en argumentos técnicos.

Se puede considerar que los acontecimientos de 1819 fueron decisivos y marcaron un punto de inflexión en la historia de la línea fronteriza. Como resultado de esa decisión, Montornès comenzó a recaudar impuestos sobre esas tierras, y todas las sentencias posteriores se basaron en la recaudación de impuestos para defender la causa de Montornès.
Desde aquel fatídico año de 1819 (para Montmeló) hasta nuestros días, la línea fronteriza oficial siempre ha sido la de Montornès, aunque Montmeló ha seguido reivindicando lo que consideraba justo.
Informes periciales
El trabajo de Altiplà ha consistido en interpretar estos datos históricos desde un punto de vista topográfico, así como el Reconstrucción de la línea fronteriza reivindicado por Montmeló, que nunca antes había sido estudiado con precisión topográfica.
A partir de las descripciones de los hitos y los planos encontrados, se ha podido obtener la línea fronteriza histórica de Montmeló con una precisión de unos 20 metros. El resultado final es muy bueno, teniendo en cuenta la precisión de las mediciones realizadas en el siglo XVIII y principios del XIX.
Entre los planos encontrados, destacamos, por la precisión de sus mediciones, algunos de los bocetos descubiertos en el Monasterio de Sant Pere de les Puel·les, que datan del siglo XVIII. Estos bocetos consistían en mediciones entre puntos de referencia realizadas por un topógrafo. La unidad de medida utilizada es la caña, una antigua medida catalana que, como su nombre indica, consistía en una “caña” o cana, cuya longitud podía variar según la región.

Ha sido una experiencia muy gratificante poder llevar a cabo un trabajo de esta naturaleza. Estamos muy agradecidos.
con la ayuda de los historiadores locales Ángel Piñero y Josep Humbert, del Centre d'Estudis de Montmeló, sin los cuales este trabajo no habría podido llevarse a cabo.
















